Como las grandes, M.I.A. caerá en las trincheras

Humillados y ofendidos. No se trata de personajes de Dostoievski quienes normalmente tienen por qué sentirse abandonados en el frío de su siglo. Se trata, de nada más y nada menos, que de los 111.3 millones de espectadores que siguieron el Super Bowl XLVI y quienes lo convirtieron en el programa de televisión más visto en la historia de Estados Unidos.
Los ofendidos son todos aquellos que se arruinaron el fin de semana tomándose en serio el dedito que la cantante inglesa de origen ceilandés, M.I.A., les pintó en el medio tiempo y les dedicó un estertóreo: “I don’t give a sh’t” Tantas horas de entrega que cada uno de estos espectadores deposita en este espectáculo, tanto alcohol y comida, tanta esperanza sobre este aparato mediático, para que venga una a quitárselos con un “gesto obsceno”, como lo llamaron los medios.
Y ahora Madonna está muy disgustada por el exabrupto de su invitada, y no porque parezca ella misma y sus contorsiones den provoquen pesadillas a los espectadores más pequeños. Tanto la NFL como la NBC se disculparon por el incidente y ahora tal vez M.I.A. tendrá que pagar una multa. ¡Y al final, ganó la televisión! Porque incluso quienes no la vemos, terminamos consumiendo sus producciones. No es que esto sea terrible.
En su ensayo “E unibus pluram”, David Foster Wallace habla de la ironía como piedra angular de la televisión y, por tanto, de quienes la consumen. “Quiero convencerlos de que la ironía el silencio con cara de póquer y el miedo al ridículo son distintivos de esos rasgos de la cultura americana contemporánea […] que guardan alguna relación significativa con la televisión”, [1] afirma el narrador estadounidense. Pues bien, aquí estamos espantados y con el dedo bien metido, sufriendo por esos tres segundos de desenfreno. Hasta en la revista Pitchfork maldijeron a M.I.A. diciéndole que será pendeja “por siempre”.
A muchos M.I.A. nos produce una fantasía sobre otra. El viernes pasado estrenó su video “Bad Girls” (en VICE.com hicimos el lanzamiento) con unos cholos marroquíes que toman el desierto como si fuesen los suburbios de Los Ángeles. Es cierto que tal vez si M.I.A. fuera tan radical, no habría aceptado aparecer en el Super Bowl al lado de Madonna. ¿Pero qué más da? ¿No es mucha la tentación de mentar madres en el espectáculo más visto de la historia de la TV? Eso sólo lo puede hacer alguien con espíritu de kamikaze. Además, recordemos que las siglas de M.I.A. significan Missing in Action. Y así es como caerá esta increíble nena: en las trincheras.
[1] David Foster Wallace. “E unibus pluram” en Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer. Trad. Javier Calvo. Mondadori, España. p. 65