Fideo en madeja

Mar 15

Crónica de un descenso en caída libre

Me hablan del Dios o me hablan de la Historia.
Me río de ir a buscar tan lejos la explicación del hambre que me devora, el hambre de vivir como el sol en la gracia del aire, eternamente.

Gonzalo Rojas, “Contra la muerte”

Una de las herramientas más sofisticadas de las redes sociales es su poder para cambiar las actividades contempladas en una agenda, e incluso, trastornar el estado de ánimo del que se disponía para ejecutarlas. Pues bien, minutos antes de empezar esta columna, que ya en la libreta lucía con sus notas ornamentales y referencias, me enteré por medio de Twitter que el poeta chileno Gonzalo Rojas había sufrido un infarto cerebral y que se encontraba grave.

Un sentimiento oscuro y grumoso se recargó en mi espalda y puso sus manos sobre mis hombros. Ahora siento que mira lo que escribo, y recuerdo una estrofa de ese poema de Rojas, “Contra la muerte”, que me ha acompañado en las horas más bravas, cuando el miedo es un alacrán sobre en mi ojo izquierdo:

Dios no me sirve. Nadie me sirve para nada.
Pero respiro, y como, y hasta duermo
pensando que me faltan unos diez o veinte años para irme
de bruces, como todos, a dormir en dos metros de cemento, allá abajo.

Esos cuatro versos rebotan en mi cabeza como pelotitas blancas. Pensé que tal vez con la transcripción se agotarían, pero ahí siguen. Y es que “todo es tan falso y tan hermoso”, como dice Rojas. Entonces tomoContra la muerte y otros poemas, que está arriba de otros dos o tres libros del autor. Al diablo con la columna —pienso—, ahora sólo quiero dedicarme a releer y transcribir este poema, o el del arcipreste y su bicicleta, en todas las paredes de Santiago.

Pero más tardo en azotar la cabeza contra mi escritorio de plástico que la poesía de Rojas en darme otra lección. En cuanto oprimo el botón rojo de mi aparato mántrico, reabro el libro, preparo mi garganta, dispongo los papeles y los lápices con esa compungida postura que los miserables adoptamos en las tragedias; el motor de la vida empieza a ronronear de nuevo.

El texto introductorio que Rojas escribió para la edición de Contra la muerte… publicada en 2007 (cuya primera edición data de 1964), ofrece una paliza al malestar espiritual. Luego de leer los primeros párrafos, una carcajada me sacudió este sábado por la mañana: “Otra cosa por último para situarme en las míseras fechas inmediatas de esta edición. Por ahí se anda hablando de recalentamiento del planeta. No es para tanto, nunca es para tanto. Qué tanto miedo, hombre.”

Gracias, Gonzalo, por no contar hasta tres antes de empujarme al vacío.