Fideo en madeja

Aug 22

La música de Irak

Cuando empecé a escribir esta columna, estaba convencida de que la Guerra de Las Malvinas había sido la primera que yo viví en tiempo real y cuyas imágenes vi por medio de rayos catódicos. Pero hace dos renglones vivía en el engaño. Esta guerra entre Argentina y Gran Bretaña inició y terminó en la primera mitad de 1982; yo nací en octubre de ese año.

Esto no sirve más que para ejemplificar dos cosas: primero mi ignorancia y segundo, las repercusiones más modestas que cada conflicto armado tiene en los pueblos que no están implicados de forma directa, digamos… en el gran público.

Si no mal recuerdo, alguno de mis primos pequeños dijo una vez: “yo quiero irme a Las Malvinas para matar y que me maten.” Evidentemente nadie le dijo al niño que Las Malvinas no eran solamente el nombre de una atroz guerra sino que también son islas en donde viven personas y pingüinos; y que, en todo caso, la batalla había terminado.

Malvinas, Bosnia, Kuwait, Irak… todos estos nombres que jamás eran destacados en la escuela donde maestras sindicalizadas y solteronas ponían énfasis en lugares que habrían elegido para su luna de miel.

Luego vinieron esas etiquetas que parecían nombres de helados y bocadillos de vanguardia: Operación Cóndor, Kissinger, Guerra Fría, Tormenta del Desierto, aunque no necesariamente en ese orden. Eran guerras de televisión y la televisión era de nuestras primeras décadas.

Mucho más tarde, en el cine, conocí otras guerras. Viejas latas del celuloide mantienen palpitando algo la cultura pop. Como Vietnam y su soundrack en el que se congregaban The Doors, The Rolling Stones, Jimi Hendrix, Jefferson Airplane, Creedence Clearwater Revival, Nancy Sinatra, Wagner…

Esta semana vimos el fin (por más virtual que sea, es al menos, un fin enunciativo) de siete años de ocupación estadunidense en Irak. Quedan tropas, territorio y un pueblo desollado; pero que todavía tiene madera de dónde cortar. Aunque esta retirada anunciada sirva más como un nuevo reducto narrativo en el discurso político del presidente Barack Obama que al funcionamiento de un país sometido por varios frentes, estamos delante de un nuevo hecho mitificable, como afirma Robert Fisk en su texto “Adiós a Irak”, un excelente panóptico de la situación, en La Jornada (www.jornada.unam.mx, 20/08/2010).

Las torturas que miembros de las fuerzas internacionales propinaban en la prisión Abu Ghraib, la muerte de civiles iraquíes y el suicidio multitudinario de soldados estadunidenses al volver de Irak, han llegado a nosotros por medio de redes sociales y nuevos medios de la denuncia, incluyendo blogs de que los marines escriben.

Otros hacen rap, según The New York Times (http://www.nytimes.com/2005/02/20/arts/music/20dave.html); supongo que los formatos son variables. De cualquier forma quiero pensar que alguno de esos jóvenes combatientes escuchó Funeral de Arcade Fire frente a un paisaje árido y polvoriento.

Por mi parte, puedo decir que con esta guerra relaciono la primera vez que me echaron de un trabajo y mi primer año de facultad, mientras que Air, Bjork, Belle & Sebastian eran revisados constantemente por mi torpe inglés y mis oídos contemplativos.

Esta otra punta del conflicto, puedo relacionarlo con Sleigh Bells, Casiotone for the painfully alone y con los vitrales rojos y morados que dejan revolotear la luz sobre el sillón, en mis tardes de desempleo.

Por lo visto, esta guerra ha terminado en términos muy vagos. Me pregunto si Obama y sus aliados conocen el resto del playlist o si sólo se trata de malas mezclas.


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